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viernes, 5 de septiembre de 2008

¿Por qué faltan las monedas?

Quien haya habitado en los últimos tiempos la Capital Federal y el Gran Bs. As., seguramente se ha sorprendido e indignado con esta insólita situación que está presente en la actualidad argentina.
Cientos de personas, en nuestro quehacer cotidianonos vemos víctimas del fastidio y la desesperación frente a las conjeturas improbables y hasta a veces infantiles del almacenero, por ejemplo, que con éstas intenta justificarse porque no puede retribuirnos con cambio.
*La problemática del kiosquero: "¿ Te doy un caramelito?".
No, loco, no. Yo no vengo a comprarte puchos con caramelos. Cosa que sí hizo un señor, muy harto él de que lo boludeen reiteradamente con esa artimaña maléfica.
Juntó todos los caramelitos por la suma de lo que iba a buscar y se los revoleó amablemente por la cabeza al que lo atendía. Esto sucedió en un supermercado chino del conurbano.
( Me guardo los detalles escabrosos y la fuente, también escabrosa).
Ni hablemos del dolor de huevos que aqueja a quienes viajamos en bondi:
Te acercás a un negocio cualquiera con un billete de dos o de cinco y - resignación de por medio - elegís comprar cualquier saranganga para conseguir monedas y llegar hasta tu casa. Y no solo pretenden cobrarte cualquier bestialidad, sino que además, no se ausenta el caradura que te pregunta - sea porque ya no la puede soguear más con el vuelto, o bien porque siempre tuvo aspiraciones a convertirse en cómico stand up - "¿Tenés setenta centavitos?", tratando de cagarte como de arriba de un puente y, finalmente, no darte una goma de cambio. Sobran atrevidos y ventajeros no faltan.
Hay quienes piensan en volver atrás con la metodología de las máquinas expendedoras de boletos ( el terror de las viejitas cortas de vista y ajenas al vertiginoso avance de la tecnología - si es que a éstos artefactos tercermundistas se los puede incluir dentro de la esfera tecnológica -, pero ese es otro tema, que invita al desarrolo posterior). No obstante, es difícil imaginarlo al fercho de vuelta cortando boletos.
Estas empresas del transporte público se ven beneficiadas sobremanera: algunas empezaron a lucrar, vendiendo al boludo circunstancial las cien monedas de un peso a ciento diez pesos, lo que da como resultado una nueva manifestación de la atávica y ya célebre falta de escrúpulos que caracteriza a nuestro inefable pueblo. Lo que en todos los puntos del globo se conoce como Viveza Criolla; innata, inmutable, intransferible e imprescriptible para nuestros compatriotas.
Por otro lado, debo destacar la fuerza que viene cobrando un rumor a tener en cuenta en lo inmediato: la incidencia de los niños en este asunto. Analicemos→
Desde tiempo inmemorial, los niños acostumbran encanutar (y el que encanuta siempre tiene) las chirolas que sobran del mandado, los peniques que se encuentran por ahi tirados y hasta un pequeño porcentaje de la guita que los padres les dan para el recreo.
Si hacemos la sumatoria de los millones de pendejos que abusan de esta costumbre de mierda, damos con el factor determinante del problema: ¡ Así que a romper las malditas alcancías!.
( Entiéndase esto como una elucubración sin fundamento empírico, lo cual la hace más confiable aún que nuestro Instituto Nacional De Estadísticas y Censos).
No voy a caer en las trilladas hipótesis de los paranoicos recibidos, aduciendo algún tipo de conspiración del gobierno. Las monedas no deberían acuñarse más porque no conviene: sale más caro el proceso de acuñación que la propia denominación. Además, pensemos un poco, nuestro gobierno no es tan eficiente.
Los bancos no ofrecen una solución, por lo tanto, son parte del problema.
La mayoría de las entidades bancarias argumenta intrincadas cuestiones irreproducibles en este espacio, ni aunque Google me diera novecientos gigas, de onda. Y me alcanzaran las ganas de redactar esas innumerables cantidades de texto.
Pero lo peor es cuando (esto se da hasta en la sucursal más escondida) el pajero o cajero (dependiendo de la traducción) te pone cara de orto al darte la suma miserable de veinte pesos por persona, que es el monto que de vez en cuando se les ocurre otorgar, sintiéndose benefactores de la patria, los muy soretes hijos de puta.
Finalizando, que ya es hora: con ésto, no intento hacer más que sembrar la duda para que Ud., ignoto lector, se decida a comenzar una investigación por su cuenta.
Eso si, no olvide compartir los resultados.

4 comentarios:

Nadia dijo...

El argumento en sí es muy realista y se adecúa bastante a la cotidianidad de cada uno de nosotros, creo que la mayoría se ha sentido identificado con algún episodio de los que describe el texto, ya sea con lo del bondi o con los caramelitos en los chinos o en algún kiosco. Pero voy a ir mas allá, quería que todo lector sepa un detalle que a mí particularmente me llamó la atención sin que tenga mucho sentido, mas del que le estoy otorgando en este momento. "- resignación de por medio -" queridos lectores antes que nada quiero que sepan que la frase original era: "-resignación mediante-" no sé que opinarán ustedes pero a mi entender la forma en la cual estaba redactada en un principio, sonaba rara. Mi acotación al respecto fue una simple critica constructiva, por lo tanto le estaba dando las opciones de solución por la cual la podía modificar, lo que generó una discordia, pues era una aclaración que se hace en un párrafo por un acontecimiento que está sucediendo en ese instante. Pero como puede ser que le dé tanta importancia a lo insignificante y no a todo el contexto (era lo que él se preguntaba). Sin embargo, los resultados están a la vista, los detalles hacen al contexto.
Bebote: Se despide, tu guía narrativa

CazadoR dijo...

Nada nuevo bajo el cielo q cubre este (ignoto?) problema. Es decir, el problema de las monedas y el cambio (a veces es bueno el cambio, como hizo el Coco con Heinze y la Purísima madre que lo re contra re mil parió), es tan viejo como Matusalén.
Si no puedes contra ellos úneteles, dice un refrán celebre. Y ahí radica el eje de la cuestión, no, no busquemos culpables donde no los hay. El colectivero? el miserable kiosquero? el repodrido de Heinze? ese. Ese si es el problema.
Cuantas veces uno dijo ese no vale un centavo? y lo dejaba. Error, "grosso" error. Centavo a centavo me hago millonario, decía un virus malicioso mientras escudriñaba a unas millonésimas de cuentas. El problema radica entonces, no en la moneda en si (producto de nuestro retorcido razocinio), sino en su complicado manejo. La solución es simple. 1° junta billetes, luego compra un auto. El colectivero? bien gracias ¿Y si un chico te pide "he vieja una moneda" en la esquina de un semáforo? No tengo! Con este simple paso solucionamos un dolor de cabeza, y al kiosquero y sus caramelos es fácil de eludir con los simples parches de tabaco. Sres. no se fuma más y pasa cayéndote de la risa por el frente, como hizo el paraguayo con Heinze en el área chica.
Para terminar y redondear la idea como la moneda. Usen el plástico. Para los nostálgicos, va a venir una tanda de plásticos redondos y con la cara de Heinze para q podamos escupirlo y dárselo después al sorbete del vecinito q junta monedas en el tachito donde antes guardábamos nosotros, objetos redondos como las inigualables canicas.
Y para terminar les dejo una pequeña frase para alquilar balcones recién baldeados.
“Heinze, ¿porque no te vas a lavar el recto con el jugo de la regla de la re piiiiiiiii… de tu hermana la piiiiiiiiiii…, mal copiiiiiiiiiiii… y tu vieja la mas piiiiiiiiiiiiii”

CazadoR dijo...

Nada nuevo bajo el cielo q cubre este (ignoto?) problema. Es decir, el problema de las monedas y el cambio (a veces es bueno el cambio, como hizo el Coco con Heinze y la Purísima madre que lo re contra re mil parió), es tan viejo como Matusalén.
Si no puedes contra ellos úneteles, dice un refrán celebre. Y ahí radica el eje de la cuestión, no, no busquemos culpables donde no los hay. El colectivero? el miserable kiosquero? el repodrido de Heinze? ese. Ese si es el problema.
Cuantas veces uno dijo ese no vale un centavo? y lo dejaba. Error, "grosso" error. Centavo a centavo me hago millonario, decía un virus malicioso mientras escudriñaba a unas millonésimas de cuentas. El problema radica entonces, no en la moneda en si (producto de nuestro retorcido razocinio), sino en su complicado manejo. La solución es simple. 1° junta billetes, luego compra un auto. El colectivero? bien gracias ¿Y si un chico te pide "he vieja una moneda" en la esquina de un semáforo? No tengo! Con este simple paso solucionamos un dolor de cabeza, y al kiosquero y sus caramelos es fácil de eludir con los simples parches de tabaco. Sres. no se fuma más y pasa cayéndote de la risa por el frente, como hizo el paraguayo con Heinze en el área chica.
Para terminar y redondear la idea como la moneda. Usen el plástico. Para los nostálgicos, va a venir una tanda de plásticos redondos y con la cara de Heinze para q podamos escupirlo y dárselo después al sorbete del vecinito q junta monedas en el tachito donde antes guardábamos nosotros, objetos redondos como las inigualables canicas.
Y para terminar les dejo una pequeña frase para alquilar balcones recién baldeados.
“Heinze, ¿porque no te vas a lavar el recto con el jugo de la regla de la re piiiiiiiii… de tu hermana la piiiiiiiiiii…, mal copiiiiiiiiiiii… y tu vieja la mas piiiiiiiiiiiiii”

El Chino Imperativo dijo...

Cuanta verdad hay en tus ojos hoy... Aunque no hay que dejar de lado la obvia conspiracion del gobierno, deberiamos reflexionar cuanto es nuestro aporte a esta flajelo de la sociedad toda.Si señores quien no a lanzado alguna vez, con el anhelo de cambiar nuestra suerte, mas de una moneda a toda fuente de los deseos que se nos presentara por el camino y no hablo las grandes fuentes historicas, no no,hablo de las fuentes cachivacheras como las de jumbo o la del parque de la ciudad que no ameritaban ni la minima chirola, asique el que este libre de pecado que arroje la primer moneda
"El Chino Imperativo"